LA PROFECÍA DEL FIN DEL MUNDO EN EL AÑO DEL DRAGÓN DE AGUA
Comienza un nuevo año y, como siempre, los augures del destino y los hunde patrias de la Humanidad esparcen en la mesa las mejores esencias de sus profecías. Este 2012, para los cabalísticos de la numerología, contiene como cifras finales el número 12 que enfrenta al poder exclusivo del 1, único y primo, con su antagonista el 2, dual y segundo, con lo que se consigue una lucha de contrarios que augura un año lleno de desgracias y calamidades. Para los seguidores de las profecías del francés Nostradamus, este año que comienza estará presidido por la desfortuna y el destino incierto según la profecía poética que el adivinador realizó alrededor de 1510 y que cada uno interpreta como quiere o, mejor, como le da la gana.
Por si fuera poco y escasas las desgracias, hacia finales de enero el calendario chino estará presidido por el Dragón de Agua que es uno de los signos de su horóscopo más temibles por la fiereza de un dragón rojo al que sólo aplacará el elemento agua. Este horóscopo chino predice que será un año de grandes energías que asolarán la Tierra ya que el dragón simboliza la fuerza de la Naturaleza frente a la vulnerabilidad del hombre y, por tanto, habrá en este planeta grandes terremotos, tsunamis y volcanes con fuerte erupción. Aunque la palma de las catástrofes y el cuadro de honor de las desgracias se lo lleva la Profecía Maya que, dentro de las culturas precolombinas, situó el día 21 de diciembre de 2012 como fecha en la que se producirá el “Doomsday” y donde todos los sistemas solares que se encuentren dentro de la Vía Láctea se alinearán de manera gravitacional y será cuando el agujero negro que está en la mitad de la Vía Láctea se trague todo aquello que se alinee con él y, por lo tanto, el planeta Tierra como todo lo que hay en el Universo desaparecerá y se producirá el fin del mundo y la extinción completa de la Humanidad. Con lo cual, según esta profecía, el año 2013 no existirá en el calendario y tan sólo podremos disfrutar 354 días de este querido y profético 2012.
Ante esta situación más vale ponerse a cobijo y pensar que cuando llegue el fin del mundo, ¡todos calvos! Consuela pensar que otras profecías de desastres y múltiples desgracias no se han llegado a cumplir.
¿Podrá el presidente Rajoy bajar la cifra de parados? ¿Seguirán Sarkozy y Merkel siendo los dueños de Europa? ¿Aguantará el euro los envites del dólar y el yen? ¿Volverá a dar el Rey un nuevo mensaje navideño? Probablemente no, seguramente porque no tendrán tiempo y verán sus expectativas de éxito frustradas frente a un agujero negro que en el Universo se tragará los planes de gobierno de Rajoy, la nueva normativa europea de la moneda única, el yen, el yuan y la madre que lo parió y el próximo discurso de Navidad será una voz lejana que suene en el Universo y que diga ¡A..d..i..o..s!
Si el augur destino que me espera es que se cumpla la profecía maya, como estoy seguro que pasará, pienso tomar cartas en el asunto y reaccionar antes de que sea demasiado tarde. Si voy a ser tragado por un asqueroso agujerito negro que me llevará a la nada, no pienso pagar ni el IBI ni el IVA ni pasaré la ITV y no pagaré mi seguro de vida ni los impuestos del ayuntamiento. Desde este mismo mes de enero pongo fin a mi dieta y pienso atiborrarme a tartas y pasteles porque quiero que mi desaparición sea lo más dulce posible. Pienso volver a fumar dos cajetillas diarias y a beber todo lo que se me antoje. Y como me queda poco tiempo pienso aprovecharlo hasta la extenuación revolcándome como un cerdo en los mayores lodos del placer, el sexo, las drogas y el rock and roll. Pienso morir con las botas puestas y desnudo como los hijos de la mar que dijese don Antonio Machado. Pienso corromperme hasta la saciedad y admitiré todo tipo de fechorías, dinero negro y evasión de impuestos porque ya nadie me juzgará, ni tan siquiera los mismos jueces que serán devorados igual que yo por el agujerito de las narices.
Esto de saber que el año 2012 será el último del planeta Tierra es un chollo porque sabes que hagas lo que hagas sólo te pedirán cuentas allá donde vayas porque una vez que nos trague esa boca negra a saber donde vamos a parar y si hay o no allí cielo, infierno o la insoportable levedad del ser de la nada.
¡Cuidado! A ver si con tanto desenfreno acabo estirando la pata antes de tiempo y algún impiadoso familiar termina escribiendo el epitafio de mi tumba donde se lea: Aquí yace un tonto que se creyó todas las tonterías que contaron otros tontos como él. Ya lo dijo el profeta: ¡en el mundo ya no cabe un tonto más y hay overbooking de gilipollez!
Por José Luis González Cañete
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