HABITAR UNA PIEL SIN INSTINTOS NI EMOCIONES DEL HABITANTE.
Tenía Almodóvar un reto en superar su anterior película LOS ABRAZOS ROTOS y ese reto debía consistir en realizar una película posterior al modo y manera de lo que Almodóvar llama “el expresionismo y la cámara”. Así lo hizo en su película TODO SOBRE MI MADRE donde llevó la cámara a su mayor grado de expresionismo en unos personajes que entraban en el espectador y lograban retorcerle el corazón. Con su nueva película, LA PIEL QUE HABITO, quizás haya conseguido entrar también en el espectador, pero no retorcer su corazón y por lo tanto su sentimiento, ya que en eso consiste el mayor expresionismo almodovariano. Ésta, su última película, tiene todos los ingredientes para ser una de sus mejores realizaciones: dos espléndidos actores como Antonio Banderas y Elena Anaya, un efecto visual deslumbrante en todo el metraje, una fotografía de un estilista como José Luis Alcaine y la música entre el miedo y el terror compuesta por Alberto Iglesias. ¿Qué le falta entonces a la película para no ser una gran obra? Me gustaría responder que le falta expresividad, aunque creo que también le sobra efectividad. Quizás esté aquí el problema; Almodóvar ha buscado la efectividad de las imágenes y se ha olvidado de la expresividad de la historia que carece de un guión que vaya desentrañando la aventura humana de los personajes, aunque al final nada se resuelva sobre ellos al estilo de su película ÁTAME.
En LA PIEL QUE HABITO los personajes están en función del efecto que quieren conseguir en el público, aunque nada se explica de su evolución para llegar a producir ese efecto que está al final de la película y que piensa el director que va a ser suficiente para contentar al público al que antes ha metido en una historia que resuelve de una manera confusa y con historias paralelas a la central que no ayudan a hacer progresar a los personajes.
Tan sólo Banderas y Anaya son capaces de conmover en algún momento al espectador; más por sus espléndidas interpretaciones que por aquello que sale de su boca para explicar quiénes son y por qué están donde están. Nadan a contracorriente contra un guión que no les deja crecer y ni tan siquiera expresar lo que realmente llevan dentro. ¿Quiénes son ellos dos? Recuerdan a Víctor Frankenstein y a su criatura monstruosa a la que llamó el joven Frankenstein. Víctor teme que su criatura acabe matándole porque todos en el fondo deseamos en algún momento matar a nuestro creador por no estar de acuerdo a como hemos sido creados por él. Robert Ledgard y Vera son los protagonistas que sucumben o triunfan en una relación desesperada.
Los viejos directores norteamericanos definieron el cine como una nuez: debe quitarse la cáscara lo antes posible y una vez que se llega al fruto de la nuez comerlo con delicadeza, saboreando lentamente y con una digestión fácil y placentera. El fallo de la película de Almodóvar es que tarda mucho en quitar la cáscara y cuando llegamos a la nuez nos la hace comer rápidamente y con una digestión acelerada, sin darnos el placer del deleite de su sabor y su aroma.
Con todo ello, Almodóvar supera su película anterior y aunque no es ésta una obra redonda, sí tiene el interés de algunas de sus anteriores películas. Decir que este film es una adaptación de la magnífica novela de Thierry Jonquet TARÁNTULA-obra que recomiendo- no es del todo cierto, sino más bien una libre interpretación que convierte en un guión cinematográfico que va más a defender la forma que el fondo; más el efecto que el contenido.
Puede que no convenza, aunque lo cierto es que hay que verla porque es un cine original, bien realizado, pero que no cumple con las altas expectativas que crea siempre el director manchego.
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